"Si dejas de aprender, dejas de enseñar" (Joan González)

2016/09/27

LOS CAMBIOS EN UN CLUB. ..LLEGA LA INSEGURIDAD



La zona de confort que con los años, se establecen en los clubs, son un valor de seguridad, de comodidad, incluso de equilibrio táctico y tácito entre algunos entrenadores. Pero impide la evolución de un club y la búsqueda de la excelencia.

La formación especifica de los entrenadores, es básico para remover la tierra y sembrar nuevos retos, y es evidente que hay que tenerla, aunque ahora ya no es la única formación disponible y necesaria. Estudiar situaciones de grupo, relaciones interpersonales, composición de liderazgos, la gestión de un equipo, etc, es un añadido básico en la formación.

El trabajo con equipos de formación, técnica, táctica y relacional es imprescindible en la construcción y historia de un club, si quiere una mejora constante de sus jugadores y jugadoras. Pero claro... Quien primero tiene que tener y querer voluntad de mejorar, deben ser los entrenadores.

Si en edades de formación las jugadoras/es no tienen hábitos, no tienen técnica individual adecuada a su edad, no saben “moverse” en los espacios, no saben nada de reglamento, etc, hay una culpa proporcional con quienes han sido sus entrenadores. Mucha parte es imputable a la falta de rigor, de metodología, y por que no de decirlo de conocimientos.

Sigue habiendo una corriente destructiva para la formación, que conduce a pensar que un jugador puede ser buen entrenador. Es evidente que un jugador puede aportar una parte de su conocimiento de jugador a su aprendizaje, pero de ninguna manera es suficiente para pensar que pueda entrenar sin ningún tipo de formación adjunta. Y ahí esta el error. Un error de muchos clubs que aún sabiendo que esto es perjudicial apuestan por esta vertiente.

Pero incluso podemos “perdonar” a los coordinadores o clubs por esta corriente errónea, por que es posible que la necesidad supere la demanda. Lo que no es justificable,  es que un entrenador no preste atención a aquellos entrenadores que en su club le pueden aportar conocimiento, que no sepa buscar en el exterior elementos que puedan aumentar sus competencias o que no este atento a lecturas recomendables para mejorar este rendimiento.
A esto hay que sumar como algunos dirigen sus entrenamientos altivos y prepotentes a las situaciones, sin darse cuenta del enorme daño que hacen a sus jugadores y en consecuencia a la formación de este club.

También los padres son responsables de esta situación, por que han de exigir una calidad en la formación. Pero claro, ahí nos topamos con otra situación: El enorme desequilibrio entre ellos, con los objetivos de estos entrenamientos.

Los padres tienen que tener claro que la formación que se les dará es de ba-lon-ces-to. Y ¿Porqué digo esto?, por que el baloncesto engloba un trabajo metodológico de asumir unos conceptos competenciales por la edad, de este deporte  y que se entrelaza con el trabajo que representa los aspectos relacionales: Trabajo de grupo. El equipo como punto de unión. Las diferencias entre los jugadores y asumirlos por parte del grupo, la higiene como elemento importante, la educación deportiva como motor del grupo de trabajo (el saludo inicial, la puntualidad, el respeto, la concentración, etc...)


Eso significa que han de tener claro que este espacio de una hora y media de entrenamiento se trabajan todos estos elementos y que no puede haber intromisiones de ningún tipo. El niño/a tiene que aprender a situarse en este espacio,  superar situaciones de desventaja,  asumir errores, saber mantener la concentración, etc...

Y ahí viene el título del artículo. Cambiar todo esto, modificarlo, genera inseguridad,. Pero esta sensación, os digo que no es negativa. Cuando hay cambio, se producen procesos que conducen siempre a generar mayor entusiasmo y con ello la seguridad, de que mas allá de los resultados durante el camino del cambio, hay verdaderos lazos que unen mas a los que contribuyen a este cambio. Y sobretodo, genera   magia cuando te das cuenta de que aún te queda tanto por aprender


2016/09/13

EL SENTIMIENTO DEL BALONCESTO. LA TRANSMISIÓN


Una de mis últimas reflexiones, es cómo puedo hacerlo para que este sentimiento que me genera el baloncesto, lo pueda transmitir a mis jugadoras, y ellas, a su entorno.

“Sin emoción, no hay aprendizaje posible” Y eso es precisamente lo que me gustaría contagiar. Si claro, quieren jugar a baloncesto, les gusta el baloncesto, pero...¿Les genera emoción?.

Es imposible la descripción de todas las emociones, y evidentemente las hay positivas y negativas. Pero si les preguntase a las jugadoras de formación que entreno en el Vedruna-Palamós, a la mayoría, el baloncesto les genera felicidad, bienestar, satisfacción...Hacen una actividad deportiva y lúdica, se ven con sus amigas, comparten un vestuario, tienen  vivencias de grupo importantes para el desarrollo del proceso formativo... Hasta aquí,   todos estaríamos bastante de  acuerdo en que esto ocurre en casi la totalidad de nuestros equipos. Y vamos a dejar de lado para otra reflexión,  los casos individuales donde puedan generar emociones contrarias.

Pero la dificultad viene cuando el baloncesto les exige un plus tanto a ellas como a su entorno familiar y les obliga a salir de la zona de confort.
Para mi eso tiene que ver con tener objetivos de mejora y ello significa implicación en el trabajo, cambios de hábitos, modificación de la  metodología.
A mi este trabajo me apasiona, me genera emociones positivas, como decía un entrenador amigo mío...”A mi el baloncesto, me pone”. La dificultad es cuando tu quieres transmitir eso,  contagiarlo,  y eso no llega por igual a todos. Cuando las expectativas dentro del equipo también son diferentes. Te puedes encontrar jugadoras que quieren desarrollar al máximo sus capacidades y quizás alguna otra que su máximo objetivo es presencial. Aquí el entrenador va a tener trabajo para transmitir eso al grupo y que este equipo adopte como conjunto, una implicación máxima en el logro de objetivos.

Y ese trabajo que hay que transmitir es:

-         Ilusión por trabajar en los entrenamientos.
-         Aumentar la capacidad de trabajo progresivamente
-         Normas de ejecución (Asistencia regular, puntualidad, actitudes, vestimenta deportiva,
-         Que los padres tengan en cuenta que la asistencia al entrenamiento es de importancia y que intenten establecer las otras actividades sociales, familiares etc fuera del horario de trabajo de entrenamiento, siempre que sea posible.
-         Que la mejora de la jugadora depende del entrenador y mucho mas de la jugadora.
-         Crear y transmitir hábitos que ayuden a la concentración.
-         Minimizar las lesiones no invalidantes

Lo que si percibo en muchos entrenadores es que la ilusión nos sobrepasa. Y lo hacemos hasta tal punto, que somos capaces de poner en riesgo nuestro entorno por eso que sentimos, por lo que yo llamo la pelota naranja.
Sólo espero que sepa trasmitirles a las jugadoras toda esta experiencia vital interna, y que el baloncesto les emocione. ESE ES MI OBJETIVO